sábado, 23 de junio de 2007

Quimera

Algunas lunas han pasado desde la última vez que por aquí paso mi mano, querida Natalia. Pero no creas que por ello me he olvidado de ti o de mis pequeñas quimeras. Ellas caminan, como caminamos tú y yo a través de los ciclos solares; y ellas, como tú y yo, siguen en contacto a pesar de que el horizonte sólo muestre arena. Atados por el irrompible lazo de infinitas copas de licor, por el sagrado ritual del intercambio de saliva, caminamos sintiendo los labios del otro sobre el corazón que tantas veces, mutuamente, acompañamos roto.

Me conociste frío, sabes que de alguna forma lo soy. Pero tú, mí querida quimera, con tu voz de fuego abriste un camino llano hasta el crisol que te atreviste a nombrar como mi corazón. Allí depositaste tu semilla, y entre mis alas y tu cola acunamos lo que hoy sólo se puede llamar amor. Sabes que no me refiero a ese que rompe el alma, sino a aquel que tiempla el acero de la espada.

A ti te dedico la siguiente quimera, mi querida Natalia, no por que existan motivos para celebrar, sino por que te amo; por que aprecio que seas la única y más fiel lectora de mis arrebatos sin sentido, A ti que sabes expresar un sí cuando yo pienso en un no, te digo (Parafraseando a Oscar Wilde) El amor sólo puede alimentarse con lo bello y con lo bellamente ideado.

Quimera: Monstruo imaginario, que según la fabula, vomitaba llamas y tenía cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón. A todos aquellos que extrañaron mis post en las últimas tres semanas, querido lector, entregó la siguiente quimera como compensación por la incapacidad de actualizar mi blog en ese periodo. Antes les aclaro que el proceso creativo y escritural ha continuado sin detenerse, el problema sigue siendo la actualización. Pero no importa, usted y especialmente yo, sabemos que no me detendré.

-Altais-

#10


Me desperté. Los minutos entre el baño y la llegada a la estación Envigado del metro fueron cortos. Mientras descendía por la escalera hacia la plataforma, descubrí que el hecho de que no estuvieras a mi lado, no era motivo suficiente para dejar de hablar contigo.

Al principio la dislalia marco la conversación; luego el ¿Cómo amaneciste?, ¿Cómo estas?, Y ¿Qué has hecho?, Llenaron el espacio entre tú y yo, mi querida lectora. El vaivén del tren en movimiento nos adormecía. Entonces, sin estar allí, pero tan claramente como podías, demandaste que yo fuera quien hablara, describiendo a tus oídos la ciudad en la que no estas y de la que yo a veces padezco.

Comencé esbozando el amanecer. Cuya luz caía sobre la ciudad en movimiento, como dando un beso a un amante que ya se conoce pero del que siempre se esperan sorpresas. Me miraste y sonreíste, cómo lo haces ahora al leerme en esa ciudad de la que padeces y en la que yo no habito. Un rayo de sol entró por la ventana del vagón cayendo sobre mi mano izquierda; rápida, pusiste tu mano sobre la mía atrapándolo entre ambos. Sentí la tibieza de tu mano delgada, de dedos cortos y uñas esmalte negro, y te sonreí.

Próxima estación Ayura, dijo una voz mecánica y sin acento. Nos levantamos para ver a lo lejos el barrio del que te fuiste. Una lágrima rodó por tu mejilla al ver los techos de San Fernando, de los que tu casa hace parte, bañados en oro, altivos, luciendo su mejor pose sólo porque ellos, así como yo, sabían que tú los estabas observando.

Nos sentamos. Tu abrazo, junto a la creciente luz, arrebató de mi pecho el frió de la mañana. Nos sumergimos en el estupor de los edificios de una ciudad que crece más hacia arriba que hacia los lados. Descendimos del metro hacia el centro de la ciudad, Inhalamos profundo saboreando el particular smog de la tacita de plata, cargado de ACPM, tinto de 200 pesos, buñuelos recién hechos y alcohol de ebrio trasnochado. Caminamos, sintiendo bajo nuestros pies la textura del asfalto, suavizado por incontables frenazos de conductores imprudentes.

Bebimos café, era imposible no hacerlo, y supimos sin duda alguna que es el mejor. Envalentonado por tu compañía me atreví a abrir la Rayuela de Cortazar, al azar tu escogiste el capitulo 149, leímos (…) Nos miramos, era perfecto. Pagamos. Caminamos por Junín, viendo las floristerías. Pero nos detuvimos en las librerías hurgando en los tesoros de otras tierras, buscando aventuras que no nos pertenecen. El tiempo paso, los pies gritaban de dolor. Decididos a descansar nos sentamos a la sombra de la Basílica Metropolitana. El Parque Bolívar se extendía frente a nosotros, no hablamos allí, pero al ritmo de las fuentes nos deslizamos entre las estanterías de la memoria, recordando.

Que día el de ayer, lo pasé tan bien, lo pasé contigo aunque no estabas. En la despedida me besaste, como yo te besara hace tanto tiempo ya. Te regalé una chocolatina, Jet por su puesto, la compartiste conmigo y guardaste el cromo para ti: 277. IBIS: Ave zancuda sagrada para los egipcios… Bajo un Guayacán amarillo en flor encontraste para mí el templo perfecto. Allí me quede, escribiendo estas líneas para ti Nata, mi única y más fiel lectora.

-Altais-

#9


En el fin de los tiempos, ante el estrado de Dios, se encontraron dos hermanos que siglos atrás, en vida, habían dejado de hablarse. Alegando diferencias irreconciliables, basadas en la mutua incapacidad de entenderse dada la idiotez del otro, solicitaron a Dios, durante el día del juicio, que les enviasen a lugares distintos donde pudiesen estar solos por su cuenta. Cada uno reclamando para si el derecho a estar en el cielo dada la rectitud con la que vivieron en vida, y ambos despotricando del otro.

El coro celestial sorprendido por la soberbia y el desdén de aquellos hermanos, aunado al hecho de que recaían en más de un pecado, solicitaron a Dios arrojarlos al infierno en castigo por sus faltas. Dios meditó por unos segundos aquella situación, decidiendo por último que ambos estarían juntos en el cielo. Dicho y hecho, de inmediato el poder de Dios los mando al paraíso mientras en la tierra continua el juicio de las almas. Extrañados por aquella decisión el coro celestial preguntó al todo poderoso las razones por la que había enviado a semejantes pecadores al cielo de los justos.

-Aquellos son dos hermanos que no se aman -dijo la voz que venia del cielo- y al estar en el paraíso unidos por sus diferencias sólo les quedan dos caminos. Uno, continuar con su terquedad convirtiendo el paraíso en el justo infierno que se merecen, o dos, mirar más allá de sus odios para vivir juntos el paraíso celestial que les he dado. Cualquiera sea su decisión yo gano.

-Altais-

#8


El sol se encontraba en su cenit, golpeando directo sobre las cabezas de la multitud que a lado y lado de la calle se atiborraban para ver el primer duelo en la historia de aquel pueblo. Sin más anuncio que la certeza de ambos, los duelistas desenfundaron con violencia sus armas. Dos detonaciones rompieron el silencio reinante, todos los allí presentes dejaron de respirar, mientras una pequeña y rápida nube cruzó el cielo arrojando sombra sobre la calle principal del pueblo.

El sonido de dos golpes secos contra el suelo anuncio el irremediable fin de aquella batalla. Tras parpadear aterrorizados, los habitantes del pueblo se dieron cuenta que los dos alcoholizados forasteros que habían decidido matarse, se encontraban parados el uno frente al otro sin ningún rasguñó. Una pregunta paso por la mente de todos, ¿Qué había sucedido?

Los gritos no se hicieron esperar. A espaldas de cada uno de los vaqueros en duelo yacía un cuerpo sin vida. Una niña y un anciano tirados en el piso, sobre una creciente mancha de sangre, ensombrecieron el día. Las miradas fueron de los cadáveres a los vaqueros, y sin mediar palabra la multitud se abalanzó sobre los asesinos. Algunos más cayeron por las balas restantes, pero el linchamiento no se detuvo.

-Altais-

4 comentarios:

  1. Mis pasos en esta calle

    Resuenan

    En otra calle

    Donde

    Oigo mis pasos

    Pasear por esta calle

    Donde

    Sólo es real la niebla

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  2. feliz cumpleaños mi vida... ojala pudiera darte tu beso, pero desde aca te lo mando como nos gusta... con amor.

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  3. Cada vez que me siento sola, vengo a leerte y todo vuelve a ser como antes por un momento.

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