lunes, 8 de junio de 2009

1600 balas (Quinta parte)

#65

Un vaho hediondo apuñalaba su nariz con cada inhalación, descender por aquellas escalas era cada vez más desagradable, sentía ahora que descendía por el esófago de un gigante en descomposición, adentrándose en las entrañas putrefactas del infierno.


-¿Por qué demonios no me puse zapatos? –susurró mientras procuraba no mirar sus pies, que sentía bañados en un líquido gelatinoso, tibio y mal oliente como el túnel.


Ya había recorrido una distancia más larga y profunda que la de su sótano en el mundo de lo real, cuando de repente se encontró fuera del túnel y en medio de un gigantesco salón. Por más que esforzó sus ojos no logró ver el techo y los muros del otro lado, allí la oscuridad era tan densa que parecía comerse la luz de su pequeña linterna.


-Tras el umbral se extiende un mundo que sólo puede ser descrito como un laberinto –dijo la anciana con voz demasiado seria como para no prestarle atención. –Allí no encontraras limitantes, no habrá muros u obstáculos, al entrar enfrentarás a las sombras y a tu inconsciente; el tiempo, el espacio y la materia serán puestos a su servicio, todo lo bueno o malo que lleves contigo será usado para probar la materia de la que estas hecho. Fallar implica la perdida de tu alma y la de ella, triunfar allí… Bueno, lo que trae la victoria siempre es un misterio.


Escrutó de nuevo las sombras, giró sobre si mismo y aterrorizado se dio cuenta que el túnel por el que ingresó había desaparecido.


-Estoy sólo, en medio de la nada –pensó para sí. Y con la duda la luz de su linterna titubeó. Con el titubeo de la luz su miedo creció, y así, la linterna se apagó dejándole inmerso en la más terrible zozobra, con tan sólo papeles en las manos.


-Nunca dudes, no le des espacio al miedo – creyó escuchar a la anciana, ¿o tan sólo la recordó gracias al miedo? No lo supo. Así que inhaló profundamente, apretó los papeles que tenía en ambas manos y se recordó así mismo las razones por las que se encontraba allí.


Titubeante la luz se hizo y deshizo un par de veces, para finalmente recuperar toda su intensidad. Con la nueva luz descubrió que frente a él se encontraba él, detuvo sus ganas de gritar y tan sólo gimió agachando la cabeza. Se contuvo, lento alzó la mirada y confirmó que frente a él se paraba un hombre que sólo podía atinar a describir como un reflejo suyo. La misma altura, camisa blanca, pantalón negro, sus mismos ojos llenos de asombro con unas profundas ojeras que sin duda eran provocadas por la abstinencia; sólo una diferencia, en sus manos una jeringa y una cuchara. No cabía duda, era él mismo. Y con esa certeza su corazón se llenó de angustia, nunca antes había podido contemplar de manera tan vivas la bajeza que había alcanzado con su adicción.



-Ya no aguanto más, necesito otro chuzón -Dijo su reflejo, el adicto-. Y le extendió la jeringa y la cuchara llena de deliciosa heroína para que las tomara. –No sea guevón, deje de buscar lo que no se le ha perdido, aquí lo único que hay para ti es esto. Y no se haga yo se que la necesita, a demás es gratis.


Una tormenta se desató en su mente, el miedo por fallar y perder a su hermana se batía en duelo con el deseo de tomar la heroína y como tantas veces antes acallar el mundo con una dosis. Atónito se contempló a sí mismo ofreciéndose lo único por lo que verdaderamente era capaz de dar la vida. El deseo subió por su espalda y se le acomodo en la cabeza, pero en esta oportunidad lo que sintió fue asco; esa cosa que se paraba frente a él no merecía existir, él mismo no merecía la vida.


-Sabes, pasa una cosa muy curiosa con los reflejos. –comentó la anciana, que se entretenía examinando su figura en un espejo de mano. –Contemplamos nuestra imagen sobre el espejo y vemos en ella todo lo malo, lo desagradable y lo que no nos gusta de nosotros mismos ¿Sabes por que hacemos eso? –El encogió los hombros en silencio. –Es un juego, pues somos incapaces de vernos a nosotros mismos, pero sobre todo de enfrentarnos. Entonces creamos un yo por fuera de nosotros, ese es el reflejo. Y en esa imagen ponemos todo lo que no somos capaces de enfrentar, por eso nuestro reflejo siempre es feo o imperfecto. Así le huimos a la responsabilidad de reconocer la fealdad en nosotros mismos, de reconocer el yo verdadero, y batallamos contra un ser imaginario que no existe. Hacemos ejercicio para que el reflejo se vea bien, nos hacemos cirugía para que el reflejo se vea bien, en apariencia cambiamos para que el reflejo cambie. Porque creemos que ese reflejo es la imagen que los demás tienen de nosotros, pero como la imagen que nos mira desde el espejo es sólo una invención sin vida, todo lo que hacemos es vano y yermo. Sólo la autodestrucción lleva al cambio, pero nunca osamos mirarnos de frente, pues en secreto tememos aceptar que somos más parecidos a un demonio, que a un ángel.


-¿Pero que tiene que ver eso conmigo, con mi viaje?


-No lo sé, supongo que nada. A veces sólo me gusta divagar.


No podía dejar de mirarse, ¿Cómo negarse a si mismo lo único que le hacía sentirse bien en un mundo en el que nunca encajó? ¿Por qué no dejar en paz el recuerdo de su hermana, como se lo aconsejó su madre, y simplemente sumergirse de nuevo en la deliciosa sin razón de su vicio? … Apretó con fuerza la navaja en su mano derecha y al no ver otra salida se apuñaló a sí mismo en el corazón. Sintió la sangre tibia descender por su estomago y un terrible dolor recorrer su cuerpo. Soltó la navaja, esta se sostuvo en su pecho.


El reflejo frente a él se desvaneció como si fuese arrastrado por una suave brisa. Tras esta pudo ver una sombra amorfa, más oscura que las tinieblas que le rodeaban, observándolo a través de unas oquedades sinuosas, crepitando mientras se le acercaba.


-Veo que eres inteligente –siseó la bestia, que extendió hacia él una suerte de brazo que parecía más una rama seca. Cortésmente tomó la navaja que pendía de su pecho y la retiró. –Que interesante es el poder de la mente. –siseó de nuevo al contemplar el dibujo que tenía el papel en su mano. Lo arrugó he hizo una bolita de papel y en seguida la arrojó al suelo.


-Vengo en busca de mi hermana y haré lo que sea para llevármela.


-¿Y crees que debo sentirme amenazado por un niño perdido, armado con dibujitos y buenos deseos? En ti sólo veo terror, por tu culpa la niña se perdió. Vino a mí buscando quien la amara pues tú sólo tienes ojos para ti. Así que regresa sobre tus pasos o entrégame tu deplorable alma, la verdad no eres nada.


Tratando de mantener la calma buscó en su bolsillo. De allí sacó el último dibujo y sin mirar a su adversario le enseñó lo que sostenía. La sombra abrió los ojos al ver que en su mano había una granada.


-Que piensas hacer con eso, con un tonto dibujo, con un pedazo de papel.


Titubeó, miró su mano su derecha y sólo vio un pedazo de papel arrugado, amarillento. Se dio cuenta que perdía concentración, estaba cayendo en el juego de la sombra. Sintió la rabia acumularse en la base de su cuello, no se permitiría fallar. Alzó la frente y por primera vez miró a la sombra directamente, con los ojos inyectados de voluntad.


-Esto, es una granada hijo de puta –de su boca se elevaron las palabras como dagas, rasgando el manto de oscuridad que se alzaba frente a él. Haló el seguro de la granada y la arrojó contra lo que parecía el rostro de la bestia.


No hubo estallido, pero si música. Un allegro assai reventó contra la sombra arrojando destellos multicolores, la melodía le hizo perder cohesión. Por un instante la negrura pareció diluirse y a través de ese velo traslucido él alcanzó a ver la silueta de su hermanita. Sin pensarlo se arrojó contra la bestia y rasgó con sus manos la negra piel. Se extendió y tomó como pudo a la niña, halándola con un grito la arrancó de aquellas entrañas, cayó sobre su espalda abrazándola, acercó su boca al oído de la niña y susurró.


-Marcela despierta.


La niña se movió al escuchar su nombre pero no abrió los ojos. Él la levantó presuroso y buscó con desesperó una salida de aquel salón. Aferrado a la niña corrió sin dirección.


-La bestia no puede ser enfrentada de manera directa –le comentó la anciana con un dejo de angustia. –lo primero que debes hacer es encontrar a la niña, tomarla por cualquier medio necesario y llevarla a un santuario que deberás preparar para defenderte de la bestia. Las sombras te seguirán para arrebatarte a la pequeña, pero esa es una ventaja a nuestro favor. Has que te sigan, así las sacarás de su guarida, guíalas hasta tu cuarto, ese es tu terreno de batalla, allí tienes ventaja sobre ellas.


No supo en que momento comenzó a subir por las escalas, ya no importaba. Tras él sentía el aliento gélido de su perseguidor. En su mente, la certeza de su hermana entre sus brazos le daba fuerza; Debía llegar a su cuarto, allí le esperaban sus armas y mil seiscientas balas.


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1600 balas (Primera Parte)

1600 balas (Segunda Parte)

1600 balas (tercera parte)

1600 Balas (Cuarta parte)

-Altais-

9 comentarios:

  1. 1600 balas me parece una producción magnifica. Creo que deberías participar con ella en concursos y premios.

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  2. Me sueño 1600 balas ilustrado!!!. Si eso pasa me convierto en patrocinadora de su fiesta de lanzamiento.

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  3. Este proyecto lo admiro profundamente! y ya te hice mis elogios y promoción en una entrada. Te mereces grandes premios!

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  4. Muchas gracias. Antonia,Doria, sólo se me ocurre decirles sinceramente: Mil gracias.

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  5. ¡¡¡1600 Balas ilustrado,
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    1600 Balas ilustrado,
    1600 Balas ilustrado!!!

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  6. Francamente me dejas muda, como siempre. De acuerdo con Antonia, esta historia ilustrada debe ser un hit.

    Ahh y quiero ver las cerezas.

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  7. !!!Cervezas ilustradas¡¡¡
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  8. hahahha Cerezas, no cervezas jaajajaj

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  9. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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